Ya muchas veces he hablado sobre la irresponsabilidad de nuestros trístemente célebres 'Miedos de Incomunicación', así, con mayúsculas y todo para recalcar su principal ocupación. ¿Cómo?, ¿no les parece correcto? Bueno, pues, analicemos rápidamente el porque de estas afirmaciones.
Los hechos recientes, en los que el gobierno manejó, casi de manera chanchullera, la aprobación de los referendos dirimidores y de regulación de latifundios, me provocaron malestar pero al mismo tiempo me recordaron lo que gobiernos pasados hacían y cómo nadie decía nada, y mucho menos pregonaba patriotismo.
Pese a todo el llanto y pataleo de la oposición, debe recordarse que prácticas similares a la aprobación de los referendos era cosa común 'desde el parlamento' como rezaba ese programita del canal estatal de finales del 90 (aunque, siendo honestos, las prácticas abusivas de gobiernos pasados hicieron posible la invención de la frase 'rodillo parlamentario' por razones más que obvias, algo que, por ser tan común en la política boliviana pasada, está hora institucionalizada, y la actual legislatura no hace más que practicarla con el mismo descaro con el que lo hicieron gestiones pasadas. Claro, las reclamaciones son menos silentes ahora que en ese entonces, por el simple hecho, quizás, de que los actores de la oposición -antes el oficialismo- gozaban de una intocabilidad ilegítimamente asignada a sí mismos y que ahora, es lo suficientemente poderosa como para utilizar su gran arsenal mediático para hacer y deshacer a su antojo demostrando su uso y abuso evidentes de libertades arrobadas de manera chanchullera).
Las contravenciones legales son ilegales sea quien sea el que las cometa, y deben ser penalizadas con rigor para que no sean cometidas nunca más. Lastimosamente, gobiernos anteriores jamás sentaron el ejemplo para hacerlo; es más, políticos, amigos de políticos, gobernantes pasados, antiguos 'servidores' públicos y demás afines y afiliados a dichos gobiernos siempre hicieron un uso ilegítimo de un poder que no les pertenecía. El comportamiento de funcionarios pasados sentó las bases de una clase política arovechadora de su circunstancial posición, en desmedro del resto de la sociedad. Así se cometieron crímenes contra el estado, quiebras de bancos y desfalcos en todas las instituciones estatales. Recordaran los lectores casos como el FOCSSAP, FINSA, Banco Cochabamba, BigBeni, Banco Unión, y otras instituciones más, así como los nombres de famosos delincuentes de cuello blanco: los hermanos Arévalo, Marita Siles, Roberto Landívar, Dante Escobar, Oscar Eid, Dante Pino, etc. Pero más increíble es que muchos de los responsables están bastante vivitos y coleando, libres y disfrutando de beneficios que otros pobretones no tienen por el simple hecho de no estar en la lista de tal o cual padrino político al que se le siguen debiendo-cobrando favores (aunque ese es un tema aparte de proporciones astronómicas incapaces de ser acomodadas en este post).
El motivo de esta opinión -además de refrescar la memoria a largo alcance- tiene como fin el de desenmascarar a nuestros miedos y reflexionar acerca del papel que algunas esferas de poder mediático juegan en el país.
Hace algunos años, con las revueltas que removieron a Goni y sus aliados (miembros actuales de los grupos de oposición) y con el advenimiento de un gobierno con marcados tintes indigenistas, diversos miedos de incomunicación se dieron a la tarea de echar sombras de incertidumbre sobre ese nuevo proyecto político en el país (muy a pesar de que la Posesión Presidencial de Evo Morales atrajo
atención mundial y puso al país por fin el el mapa, algo que, en mi opinión debería ser motivo suficiente de agradecimiento por parte de los miedos incomunicadores de Bolivia, pues no sólo puso a Bolivia en el mapamundi sino también a esos miedos en el espectro informativo global). Es así que se empezaron a oír tambores de guerra por todas partes, disimulados con el 'ruido de sables', que a la oposición le provoca frotarse las manos y salivar con un gusto que da más miedo que el mismo hecho de militares tomando el poder. Y es en ese ambiente, que los miedos bolivianos empiezan a dar señales comunes de un temor que nació en ellos y es difundido por ellos mismos desde principios del año
2005, pero no para a lo largo de todo el
año -paradójicamente sin que la bendita 'Guerra Civil' soñada, y tan sonada, haga presencia en un país por demás bastante pacífico como el nuestro.
Tan irrisorio como suena, la cacareada 'guerra' no aparece más que en los titulares
copiados de pasquines y
seudo analistas políticos; pero la realidad es otra: el país no quiere guerras de ningún tipo y como muestra no pasa nada en ese convulsionado año.
No contentos con este fracaso, nuestros miedos intentan, otra vez, inculcarnos la idea de que el país está resquebrajado y con riesgo de 'guerra civil' -¡otra vez la bendita frase esa!- pero esta vez en un año diferente, 2006. Fieles a sus habilidades chanchulleras,
nuestros miedos repiten como loritos lo que expertos extranjeros calculan como una gran posibilidad, luego de extensos e inteligentes cálculos y comparaciones 'utilizando datos históricos' (sic).
La historia no termina ahí, ya que como se vio no existió ninguna guerra civil en el año 2006, lo mismo que en 2005. Vayámonos pues al 2007 (y si no estuviéramos ya en el año 2008 quizás podríamos tener alguna 'esperanza' de que una conflagración pudiera ocurrir), para descubrir que tampoco hubo nada de lo que nuestros miedos seguían
vaticinando, aún tratando de meter
subliminalmente la idea en sus lectores. ¡Nada en el año 2007! Pero esa imaginaria confrontación sigue apareciendo en los titulares, incluso hoy en día en boca de
comentaristas-analistas-ex-presidentes y
periódicos que se jactan de ser defensores del país. ¡No señores! ¡La guerra sólo existe en las mentes de los miedos que nos quieren ver enfrentados de una buena vez para llenar sus titulares con fotitos a colores de tanquetas y piedras teñidas rojo oscuro. ¿Cuándo será que los medios en Bolivia dejarán de ser las tribunas para que los que quieren el enfrentamiento sigan manipulando las consciencias y sembrando el miedo para ganarse réditos o tiempo para delinquir? Yo acuso (¡Gracias Marcelo!) a todos nuestros medios de comunicación masiva de Terrorismo Mediático, porque no encuentro otra palabra para describir sus acciones irresponsables. Ya es hora de que se porten como profesionales de un poder con alcances ilimitados al que deben valorar pero sobre todo manejar responsablemente. No es tan sólo una fuente de trabajo a la que hay que defender, es casi un apostolado que requiere compromiso y apego fiel a la verdad. Una palabra que aparece menos veces que la palabra 'guerra' con la que nuestros trístemente célebres Miedos de Incomunicación se enjugan la boca para delinquir.