Todos saben acerca de la Unión Europea (UE) y la fuerte economía que ha generado la unión de varias naciones apuntando a un bien común: el bienestar de todos sus ciudadanos, léase TODOS. Evidentemente, la UE enfrenta muchos desafíos debido a procedimientos necesarios para hacer cada vez más efectiva esta unidad. Uno de esos desafíos es responder de manera adecuada a la migración, especialmente de personas de países con mayores desventajas económicas hacia otros más aventajados. En este post les quiero hablar de un caso particular (existen muchos otro más que podrían ser considerados pero no lo hago ahora): el de los ciudadanos polacos que emigran en busca de nuevas oportunidades de empleo hacia otros países como Alemania, Francia e Inglaterra, donde, en teoría, las fuentes laborales son mayores o los salarios más elevados. En nuestro país, tenemos varios bolivianos que miran o hacia el norte o hacia la UE como un paradigma comercial (que debido a la miopía provinciana de esos mirones es lo único que consideran), y se olvidan de que no sólo se habla de economía aquí (obviando esa palabrita conocida para no hacer mella en su honor) sino de cosas mucho más profundas que eso y que están fuertemente ligadas a la cultura y al respecto que se le tiene a esas culturas (tampoco quiero hablar de casos en los cuales esta cualidad ha sido vulnerada ya que incluso en la superdesarrollada UE existe la discriminación). La Gazeta de Polonia nos habla sobre el esfuerzo inglés para aprender a hablar polaco (no a la perfección) por parte de la policía británica para ayudar a los, cada vez más numerosos, inmigrantes polacos. Según John Horton, coordinador de la policía, los agentes deberán ser capaces de establecer una conversación básica y deberán ser capaces, sobre todo, de pronunciar los nombres polacos sin cometer errores. Y si consideran que esto es una tontería los reto a pronunciar el siguiente nombre:
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